Aun no cumplo 30 y ya he tenido un par de crisis existenciales (y sé que mis amigos cercanos y no tan cercanos también). Se lo atribuyo a mi generación, LOS MILLENNIALS, este mítico grupo de personas nacidas entre los 80s y 90s. Seres digitales, idealistas, soñadores, un poco inmaduros, impacientes y con grandes expectativas.

Haciendo una reflexión, pienso que mis padres a mi edad ya tenían un matrimonio estable, departamento propio y dos hijos (toda una familia tradicional); mientras que yo entre mis pertenencias relevantes puedo decir que tengo Netflix y Spotify Premium. Claramente vivimos en tiempos distintos, a diferencia de la generación pasada, los Millennials nos cuestionamos cosas qué tal vez ellos no, como: ¿mi trabajo me hace feliz? ¿qué quiero en la vida, más allá del dinero?, ¿mis acciones tienen un impacto positivo en el mundo?. Para nosotros está socialmente aceptado ir más lento en cuestión de “responsabilidades”, que nos atrevamos, que emprendamos y que soñemos en grande; a diferencia de los BABY BOOMERS (mis padres) a quienes les toco vivir en grandes crisis y devaluaciones, donde términos como Inflación y Deuda externa les parecen muy comunes. Para ellos el trabajo es su modo de ser y de vivir, y aunque tal vez no amen lo que hacen, eso puede pasar a segundo plano mientras tengan una vida estable, ahorros, un patrimonio y un plan de vida a largo plazo.

En teoría todo suena muy bien para nosotros los Millennials. Siendo una generación con características tan únicas y espíritu libre pero, por lo menos en este país (México) y en gran parte de Latinoamérica, estamos atascados en una situación donde en ocasiones pareciera que las empresas no están tan “alineadas” con nuestra forma de pensar y vivir. Queremos libertad, la cual se traduce en calidad de vida, nos gusta ser incluidos en la toma de decisiones y saber que estamos aportando un valor agregado con nuestro trabajo, buscamos líderes que nos guíen más que jefes que nos impongan; por eso casi el 80% de los Millennials que trabajan actualmente para una empresa, considera trabajar como freelance en búsqueda de mejores ingresos, flexibilidad y balance de vida. Son este tipo de beneficios los que dictan cifras como que el 43% planea cambiar de trabajo en menos de dos años*.

 

Pero…¿qué hacer?, ¿cómo llenar nuestras expectativas y ser felices en lo que parece un gran choque de ideologías generacionales?

Lamentablemente no tengo la respuesta, pero si te puedo compartir algunos consejos que me han ayudado en mi travesía laboral de 7 años:

  • Busca la empresa “correcta” para ti, la que se sienta bien, la que se alineé a tus valores. SÍ EXISTE, solo hay que abrir bien los ojos y buscar, por ejemplo: cuando vayas a aplicar revisa su propuesta de valor como marca empleadora, si forman parte de algún ranking de mejores empresas, si su propósito va en línea con el tuyo, etc.
  • Nosotros somos las empresas, podemos mejorarlas desde adentro, proponer y poner el ejemplo.
  • No supongas que en tu empresa “no se puede”, atrévete a dialogar y negociar tus “beneficios”, te puedes llevar grandes sorpresas (buenas).
  • Ten paciencia, Roma no se creó en un día y si quieres generar impacto y que los demás reconozcan tu valor, seguro te tomará más de un par de meses.
  • Por último, “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” – Debemos ponernos a la altura y ser responsables para no perder el balance y cumplir con nuestras obligaciones, mientras disfrutamos de la libertad que nos pueda ofrecer nuestra “empresa ideal”.

 

Evidentemente no siempre es fácil. Yo tengo la suerte de trabajar en un lugar que me hace feliz y que comparte mis valores, pero me costó a mi y a mi empresa, trabajo, evolución, adaptabilidad al cambio, y valor para aceptar diferentes responsabilidades. Basta poner de nuestra parte para poder dejar atrás las crisis y disfrutar de lo que hacemos, mientras sentimos que logramos un cambio.

 

* fuente: https://www.forbes.com.mx/el-43-de-los-millennials-dejara-su-empleo-actual-en-menos-de-2-anos/

 

Pamela Almeida
Consultora