Si bien la vida adulta trae consigo un montón de responsabilidades y exigencias, intento enfocar mucha de mi energía diaria en cosas que me ayuden a ser cada vez mejor. Ya sea leer un libro o aprender algo nuevo, creo que toda formación debe ser integral. El problema está cuando, por llevarlo muy lejos, se vuelve contraproducente.

Hace un tiempo estaba platicando con un amigo de la universidad y salió el tema de cómo muy pocas veces nos damos la oportunidad de despejar nuestra mente y distraernos, sin cargarnos con el peso de pensar qué es lo que estamos haciendo para nuestro futuro.

Él es una persona a la que siempre he admirado porque está en constante movimiento, con diversos proyectos en puerta, pero me di cuenta que tanto él como yo vamos por la vida con una constante insatisfacción. Siempre estamos cansados y nada parece ser suficiente.

Entre una cosa y otra, asoció nuestra plática a un libro: La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han. Muchas de las referencias que hizo me causaron curiosidad y sentí una urgencia tremenda por leerlo. Lo conseguí tan pronto pude y quedé impactada al entender que no solo mi amigo y yo estábamos pasando por este conflicto.

Se trata de un conjunto de enfermedades neuronales que resultan en un agotamiento constante debido a la «autoexplotación». El autor explica que vivimos en la época de la “sociedad de rendimiento”, que no es otra cosa más que la sociedad en la que viven los individuos que están saturados de sí mismos, que pueden llegar a trabajar jornadas exhaustivas para cumplir con las autoexigencias que se imponen.

Es la sociedad en la que el momento de aburrimiento y reflexión escasean.

Este libro me ha hecho analizar el peso que le damos al rendimiento cuando pensamos en “éxito” y en cómo esto puede afectarnos de maneras que pocas veces reconocemos. “No ‘poder-poder-más’ conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión”1.

El momento de mi vida que más relaciono con esa “autoexplotación” fue mi último año en la universidad. Estudiaba, trabajaba en un despacho tiempo completo diseñando “stands” y al salir, hacía el servicio social. Resistí, pero nunca lo disfruté porque corría de un lado al otro.

Siempre debemos creer que podemos, pero no bajo condiciones que vayan en contra de nuestra felicidad.

Nos ponemos demasiada presión sobre los hombros, porque nos enseñaron que esa es la manera correcta de hacer las cosas. El esfuerzo desmedido parece ser la única forma posible de asumir la adultez con responsabilidad. Sin embargo, estamos quemándonos al punto del agotamiento.

Estoy convencida que no es la mejor manera de asumir ningún reto. Todos tenemos un proceso único y no existe fecha de caducidad o tiempo ideal para poder lograr la mejor versión de ti, así que podemos trabajar en nosotros cada día y disfrutarlo también.

Fer Maya
Consultora

1 Extractos de La Sociedad del Cansancio (Byung-Chul Han, 2010).