Hasta hace poco tiempo hablaba de inclusión como algo externo a mí y pensaba que les correspondía a otros, sobre todo a las empresas, esa tarea de incluir a las minorías culturales*, sin embargo, mi visión cambió en el momento en que logré la hazaña de mi vida: salir del clóset.

Fue a partir de ese acontecimiento, que comencé a ver con otros ojos la situación de exclusión social y laboral a la que se enfrentan, no sólo personas que formamos parte de la comunidad LGBT+, sino también de otros grupos que, simplemente por ser diferentes al “ciudadano promedio o estándar”, tienen mayor probabilidad de ser discriminados o excluidos.

La falta de inclusión es un problema a nivel mundial, pero que ha tenido mayor visibilidad y relevancia con el paso del tiempo; ahora somos cada vez más los grupos minoritarios que, a través de diversas acciones, hemos logrado promover la creación de políticas públicas que defiendan nuestros derechos.

Este tema, además, se relaciona directamente con la sostenibilidad social y económica, pues un país incluyente tiene habitantes más felices, que se traduce en mayor productividad; para muestra, un botón:

De las 10 economías más inclusivas del mundo1, ocho también son parte del top 10 de países más felices2. Por lo que tampoco extraño que, de igual forma, sean los lugares que mejor calidad de vida ofrecen a sus habitantes3.

 

Fuente: World Economic Forum (2018)

Pero, hablar de inclusión no es solamente una cuestión política y macroeconómica, ya que, para poder llegar a ser un país referente en esto, es importante empezar desde lo más básico: los habitantes.

De nosotros depende practicar y promover la inclusión, entendiendo que las diferencias y la diversidad nos hacen mejores. Para esto, es importante aplicar de forma individual esta virtud que puede generar mucho impacto en nuestra vida y en la de otros: la Humildad, que se entiende como la capacidad de dar valor a la opinión o forma de ser y pensar de otra persona, así sea diferente a la nuestra.

En mi caso, practicarlas no ha sido sencillo, pero lo importante es reconocer qué te falta para lograrlo e ir paso a paso. Si tú aún no te das la oportunidad de ser inclusivo, o si ya lo eres y quieres ayudar a otros a que los sean, aquí te cuento un par de tips de lo que yo he practicado:

  • Las cosas por su nombre: Todos en algún momento nos hemos expresado con frases o adjetivos que parecen inofensivos, pero que pueden impactar en la autoestima de quienes los reciben, “mujer tenías que ser”, “está enfermito, no entiende”, son un par de ejemplos. Para esto, lo que yo hice fue realizar dos listados, en la primera columna coloqué todos los adjetivos que he usado o pensado en contra de otros, inclusive contra mi persona, y en la segunda columna coloqué la mejor forma posible en la que podía expresarme para decir lo mismo (si no lo sabes, puedes investigar si existe algún concepto o adjetivo aceptado, por ejemplo: Habla como indito / es un hablante de lengua indígena).

Esto parece simple, pero conforme vayas avanzando, te darás cuenta de las situaciones donde has excluido o discriminado a alguien y eso te ayudará a evitarlo poco a poco.

 

  • Lo que te choca, te checa: En ocasiones, el rechazo o los comentarios despectivos los emitimos hacia alguien con quien justamente compartimos características similares. Esto pasa, muchas veces por una forma de auto protegerse del qué dirán o simplemente porque queremos demostrar que “somos diferentes”.

Si este es tu caso y, al igual que yo, formas parte de alguna minoría, el primer paso es reconocer, aceptarte y valorarte por lo que eres, sin importar el juicio de otros, es decir tener dignidad e identidad.

Este ejercicio es muy poderoso, porque ser libre de expresarte como realmente eres te hará sentir más plen@, así podrás ver que estás rodead@ de personas que te aman de forma incondicional y que te impulsarán a ser mejor.

No existe una receta secreta para lograr ser empáticos, sin embargo, el primer paso es tener la intención de querer ser mejor persona y comenzar a ponernos en los zapatos del otro para comprender su postura.

La inclusión es algo que podemos comenzar como individuos y con el paso del tiempo se va convirtiendo en un sentimiento colectivo. Recuerda que ser incluyente, nos da la posibilidad de ser más felices y estar en paz con los otros.

 

Fernanda Orozco
Consultora

 

*Minorías culturales: Son todos aquellos grupos de población numéricamente inferior que, por sus características físicas, de género o sexualidad, culturales, religiosas, lingüísticas, de manifestaciones y tradiciones son más vulnerables a la discriminación.

1Índice de Desarrollo Inclusivo: Es una evaluación anual del desempeño económico de 103 países, realizado por el Foro Económico Mundial, que mide cómo los países se desempeñan en once dimensiones del progreso económico además del PIB. Se basa en tres pilares: Crecimiento y Desarrollo, Inclusión e Igualdad intergeneracional y Sostenibilidad.

2World Happiness Report: Mide el grado de felicidad de 117 países en 6 variables (ingreso, expectativa de vida saludable, apoyo social, confianza, libertad y generosidad).

3Índice Better Life OCDE: Este Índice te permite comparar el bienestar en distintos países basándose en 11 temas que la OCDE ha identificado como esenciales para las condiciones de vida materiales y la calidad de vida (la vivienda, los ingresos, el empleo, la comunidad, la educación, el medio ambiente, el compromiso cívico, la salud, la satisfacción ante la vida, la seguridad y el balance entre la vida y el trabajo, así como dos dimensiones transversales, la sostenibilidad y las desigualdades).