Hace varios años, incluso antes de que me dedicara a la sostenibilidad, donaba a algunas causas que me movían. Cada vez que yo aportaba para alguna de estas causas sociales me daba mucha satisfacción saber que al final de la campaña de recaudación, gracias a mi donativo y al de muchas personas más, la fundación ayudaría a miles de personas.

Ahora que soy parte del #AxiusTeam y que he tenido la oportunidad de trabajar con algunos proyectos sociales, me he dado cuenta que, si bien ese número de miles de personas es importante porque nos habla de a cuánta gente llega la fundación o empresa con su proyecto o programa, en ese caso solamente estamos hablando de alcance.

Actualmente, más que hablar de alcance, es importante que en los proyectos/programas sociales se mida el impacto social, es decir, la influencia, huella o el nivel de transformación positiva que los beneficiarios experimentan o experimentarán gracias a la implementación del proyecto.

Justo en este punto es donde digo que “menos es más”, porque para generar impacto social es necesario o recomendable hacer estas 5 cosas:

1. Definir el propósito del proyecto o programa

“Lo que haces simplemente prueba en lo que crees”. – Simon Sinek

Antes de comenzar/emprender un proyecto, sea o no social, es importante definir la razón de ser del mismo. El propósito es algo que no cambia, porque es lo que le da sentido a todo lo que realizamos.

En el caso de un proyecto o programa social, tener un propósito nos permitirá definir por qué elegimos apoyar cierta causa o enfocarnos en un tipo de personas/comunidades. Siempre es recomendable que la causa esté alineada a la estrategia y al core business de la empresa, que permita un esquema ganar-ganar, para todos los involucrados.

Así también, a nivel de comunicación, nuestros mensajes tendrán más fuerza, porque podremos comunicar en este orden: ¿por qué lo hacemos?, ¿cómo lo hacemos? y, por último, ¿qué hacemos?

2. Tener un proyecto/programa delimitado a máximo 4 ejes o temas de acción

“El que mucho abarca, poco aprieta”. – Dicho popular

Es decir, es mejor enfocarse en abordar uno o máximo cuatro problemas sociales, porque así podremos tener mayor claridad de lo que queremos lograr. Asimismo, es importante delimitar lo más posible la zona de influencia del proyecto y definir el porqué de nuestro enfoque en cierta comunidad o comunidades.

De igual forma, a nivel de comunicación, este enfoque nos permite posicionar mejor al programa o proyecto. Recordemos que siempre habrá una causa que atender o personas a quienes ayudar, pero si enfocamos mejor, ayudaremos más.

3. Conocer a fondo el problema o causa que estamos abordando

“La información es poder”. – Francis Bacon

Cuando ya tenemos definido en qué nos vamos a enfocar, es importante conocer la realidad de la comunidad o comunidades donde vamos a implementar el proyecto. Para eso, es necesario hacer uso de toda la información estadística que exista a nivel mundial, nacional y/o local relacionada a los problemas sociales en los que nos enfocamos. De igual forma, se debe dialogar con habitantes de la comunidad o comunidades donde se implementará, así como con otros grupos de interés o stakeholders involucrados en el proyecto, para que podamos evaluar qué tanto podemos hacer desde nuestro programa/proyecto.

4. Establecer objetivos de impacto e indicadores

“Un objetivo sin un plan, es solamente un deseo”. – Antoine de Saint-Exupéry

Teniendo un análisis de las estadísticas por cada problema, podemos establecer una línea de base o punto de partida. Por ejemplo, si el nivel de deserción escolar en una comunidad es del 10%, sabremos que si logramos que ese porcentaje se reduzca, ya habremos ganado.

De esta forma podemos planear el proyecto a mediano y largo plazo al establecer los objetivos de impacto, es decir, saber qué queremos lograr. Aquí vuelvo al punto de que menos es más: queremos que nuestro proyecto ayude a reducir o, en el mejor de los casos, erradicar una problemática, así que cualquier avance, por pequeño que sea, es relevante.

Con los objetivos establecidos podremos definir los indicadores (dato o conjuntos de datos que nos permitirán saber si estamos logrando o no la meta planteada) y hacer los formatos (cuestionarios, encuestas, entrevistas, software especializado) a través de los cuales recolectaremos dichos datos.

5. Medir, medir, medir… y comunicar

“Lo que se mide, mejora”. – Peter Drucker

Para comenzar el proceso de medición es importante saber el perfil de las personas (beneficiarios del proyecto/programa) a quienes aplicaremos los formatos, porque muchas veces realizamos cuestionarios o encuestas que son inentendibles o difíciles para ellos. Asimismo, dependiendo del tipo de formatos, tenemos que definir si deben ser aplicados por alguien del equipo o podemos entregarlos a los beneficiarios para que los respondan por mano propia.

Una vez que se tienen los datos recolectados, los analizamos y así tendremos los resultados de impacto social generado en las comunidades, los cuales podremos comunicar y así complementar los resultados de alcance.

La medición de impacto social se hace una vez que el proyecto/programa se implementó, por lo que es un proceso que mostrará resultados a mediano o largo plazo; los cuales se compararán con la línea base que establecimos en el punto anterior.

Caso de éxito:

Iluméxico es un ejemplo de empresa social que ha aplicado estos puntos y que ha tenido éxito gracias a eso.

Recuerda que establecer un proyecto desde cero y lograr generar impacto social es un proceso que implica ser paciente, pero, sobre todo, tener mucha perseverancia. En Axius trabajamos de la mano con nuestros socios estratégicos para que lleven este proceso de la mejor manera y logren complementar la medición de alcance en proyectos o programas sociales, incluyendo una medición de impacto social.

Si aún tienes dudas acerca de este proceso o tienes un proyecto/programa y quieres medir su impacto social, podemos ayudarte.

Fernanda Orozco
Consultora