Las mujeres que decidimos continuar trabajando luego de ser mamás, tenemos el riesgo de sentirnos abrumadas o culpables sino sabemos equilibrar los distintos roles que tenemos en la vida. A veces sentimos que le fallamos a los hijos, otras al esposo, al cliente, a las amigas e incluso a nosotras mismas. Tenemos la expectativa de cumplir con todo y todos de la mejor manera, lo que nos provoca un agotamiento excesivo al final de la semana y una sensación de que no fue suficiente.

 

Un viernes en la noche, agotada y sin ganas de salir, analicé a detalle con mi esposo las tareas y responsabilidades que asumí durante esa semana y fue cuando juntos comprendimos que es normal y válido sentirme cansada.

 

Las ideas que pasan por nuestra mente y los compromisos que tenemos son tan diversos que si no nos organizamos podemos fácilmente colapsar. Depende del tipo trabajo de cada una el listado puede cambiar, pero en mi caso el ejemplo de un día normal sería: lonchera con comida saludable, darles la medicina, ir a junta con cliente, contestar mails, hacer una presentación, buscarlos al fútbol o ballet, supervisar la tarea escolar, revisar lo que llevaremos a la reunión del día siguiente, comprar cartulina para hacer la maqueta, bañar a los niños, cenar y platicar con mi esposo. Por último y si da tiempo, hacer ejercicio.

 

Una buena noticia es que sí hay forma de abordar todos nuestros compromisos sin morir en el intento. Sí es posible encontrar el equilibrio entre el trabajo y la vida que todas queremos llevar.

 

En el momento en que yo comprendí que soy responsable de asegurar ese balance, decidí hacer ajustes en mi forma de organizar y gestionar mis actividades, y los cambios se dieron rápidamente:

 

  1. Manifesté mis necesidades en la empresa y en equipo establecimos un esquema de trabajo flexible, que me permitió equilibrar mis tiempos. Luego ayudé a que esta forma de trabajo se permeara en todos los niveles.

 

  1. Establecí una rutina para abordar distintos temas de manera enfocada durante la semana:
  • Integro en mi agenda compromisos, tareas y recordatorios laborales y personales
  • Bloqueo espacios de tiempo para cualquier actividad que tenga, aunque no sea una junta. Con esto me concentro en terminar lo que tengo pendiente y no estar en varias cosas a la vez.
  • Intento no revisar mails o tener llamadas de otros temas en esos intervalos de tiempo.
  • Distingo con colores distintos los temas personales y laborales, para ir evaluando que exista un balance dentro de mi agenda. Esto me ayuda a hacer ajustes cuando es necesario.
  • Aprovecho la mañana para dedicarme al 100% a temas laborales. Las primeras 2 horas a asuntos que requieren mucha concentración y las demás para juntas internas y externas.
  • Después de comer, dedico una hora a resolver los temas personales: agendar citas médicas, pagos personales, pedir el súper, revisar chats del colegio.
  • El final de la tarde es para los niños: hacer tarea, ir al parque, baño y cena. Aquí busco estar al 100% con ellos, por lo que intento alejar mi celular y dedicarle tiempo de calidad.

 

  1. Comencé a dedicar tiempo para mí
  • Me inscribí en clases de jazzercise. Allí hago ejercicio y me divierto.
  • Recibí la asesoría de Liderazgo Basado en Virtudes y me entrené para ser asesora. Con esto aprendí a ser más libre y disciplinada, eliminando la culpa y el estrés de mi día a día.
  • En mi agenda siempre hay un espacio para cenar con mi esposo o mis amigas, hacerme las manos o ver mi serie del momento.

 

Hoy puedo decir que uno de los temas que más me mueve es la calidad de vida de las personas. Desde Axius ayudamos a los clientes a convertirse en mejores empresas y a las personas a hacerse responsables de su bienestar. Aún cuando la empresa o el cargo no permita la aplicación de esquemas flexibles para madres, cada quien debe atreverse a crear su propia estrategia para obtener un balance y convertirse en una mamá trabajadora libre de culpas.

 

Adriana Urgelles
Socia Directora